Rehacer en oficina lo que ya se hizo en terreno
Nadie cronometra la segunda mitad de una inspección. Esto es lo que sí está medido sobre el reproceso administrativo, y lo que todavía no.
35 %
del tiempo en actividades no productivas, declarado por unos 600 profesionales (FMI y PlanGrid, 2018).
Una inspección parece terminar cuando se firma la última hoja en terreno. En la práctica empieza ahí una segunda jornada, que ocurre en una oficina y varios días después: alguien transcribe lo escrito a mano, busca la fotografía que corresponde a ese hallazgo, llama para preguntar qué decía el campo que quedó ilegible y arma el informe. Esa mitad del trabajo casi nunca se cronometra, y por eso casi nunca aparece en lo que se cree que cuesta una inspección.
Nos pusimos a buscar cuánto de esto está realmente medido. Lo que sigue es lo que encontramos, con su fuente, su fecha y sus límites.
El tiempo
La referencia más citada es Construction Disconnected, el informe que FMI y PlanGrid publicaron en 2018 a partir de una encuesta a cerca de 600 profesionales de la construcción. El hallazgo grueso: los encuestados declaran dedicar un 35 % de su tiempo a actividades no productivas, más de catorce horas por semana. Desglosadas, son unas 5,5 horas buscando información del proyecto, cerca de 5 resolviendo desacuerdos y cerca de 4 lidiando con errores y reprocesos.
Del mismo informe sale un dato que explica por qué eso sigue pasando en 2026: el 75 % de las empresas encuestadas entrega teléfonos o tabletas a su gente de terreno, y solo el 18 % declara que las aplicaciones se usan de forma consistente. Las dos cifras están sobre el total de encuestados: el 18 % no es una fracción del 75 %. El problema no era comprar el aparato. Los números y el detalle metodológico están resumidos en la nota de Construction Dive sobre el estudio.
Conviene decir de qué está hecho ese 35 %: es una encuesta, son horas autodeclaradas, es construcción y la muestra es mayoritariamente estadounidense. Sirve para dimensionar un orden de magnitud. No es una cifra que se pueda aplicar a una faena chilena y darla por medida.
El costo de rehacer
El número clásico sobre reproceso viene del Construction Industry Institute. Su publicación SD-29, de 1987, analizó nueve proyectos industriales y encontró que las desviaciones que terminaron en reproceso, reparación o reemplazo equivalían a un 12,4 % del costo total instalado del proyecto —9,5 puntos atribuibles a diseño y 2,5 a construcción—.
Es un estudio de 1987 sobre nueve proyectos, y lo decimos porque importa: es la referencia que todo el mundo repite, y casi nadie menciona ni el año ni el tamaño de la muestra. Lo que aporta no es la cifra exacta, que ya no describe la industria de hoy, sino el orden: el reproceso no es un redondeo del presupuesto.

Imagen generada con IA a partir de referencias propias.
El costo de transcribir
Aquí sí hay literatura buena, y viene de donde menos se la busca: la investigación clínica, que lleva décadas midiendo cuántos errores mete una persona al pasar datos de un papel a una base.
Una revisión sistemática y metaanálisis —Garza y coautores, publicada como preprint en 2023 y revisada por pares en 2024— reunió las tasas de error publicadas por método de procesamiento. Por cada 10.000 campos: la entrada simple va de 4 a 650 errores; la doble entrada (dos personas tipean lo mismo y el sistema compara) va de 4 a 33; y la abstracción manual desde una ficha llega de 70 a 2.784. Las tasas agrupadas son 0,29 % para entrada simple, 0,14 % para doble entrada y 6,57 % para abstracción. Los 93 manuscritos que revisa son de 1978 a 2008, que es el otro límite que corresponde decir.
Un estudio anterior, publicado en PLOS ONE en 2012 por Paulsen, Overgaard y Lauritsen, midió lo mismo sobre un cuestionario real: 0,370 errores por cada mil campos con entrada simple, contra 0,046 con doble entrada. Ocho veces más.
El punto que nos interesa de esos números no es cuál es alto y cuál es bajo. Es de dónde salen: son ensayos clínicos, donde la digitación está auditada, protocolizada y a menudo duplicada por diseño. Ese es el mejor caso. Un formulario de inspección que se tipea en una oficina, entre otras cosas, sin segunda pasada y con la letra de quien estuvo en la faena, no va a salir mejor que eso.
Lo que no podemos decir
No tenemos una medición propia de cuántas horas y cuántos errores cuesta este reproceso en una faena chilena, y no encontramos ninguna publicada. Todo lo de arriba es de otras industrias y de otros países.
Cuando tengamos la nuestra la vamos a publicar como publicamos el resto de nuestras cifras: con el tamaño de la muestra, el intervalo y lo que la medición no alcanza a ver. Mientras tanto preferimos quedarnos sin número antes que inventarlo.
Fuentes
FMI y PlanGrid, Construction Disconnected (2018), encuesta a cerca de 600 profesionales: informe completo · resumen de Construction Dive.
Construction Industry Institute, Costs of Quality Deviations in Design and Construction (SD-29, 1987): ficha del CII.
Garza M. Y. y coautores, Error Rates of Data Processing Methods in Clinical Research: A Systematic Review and Meta-Analysis of Manuscripts Identified Through PubMed, International Journal of Medical Informatics (2024), doi 10.1016/j.ijmedinf.2024.105749. Las mismas cifras, ya con revisión por pares; el texto completo sigue abierto.
Paulsen A., Overgaard S. y Lauritsen J. M., Quality of Data Entry Using Single Entry, Double Entry and Automated Forms Processing, PLOS ONE (2012): doi 10.1371/journal.pone.0035087.